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Hace unos días, al despertarme temprano a tomar mi remedio para la presión, lo oí :
Chogüiii, Chogüiii,
no podía creerlo, así que salte de la cama tome bastón y batón y salí presurosa hacia el ventanal del living, con la perra entre mis pies
Quieta Mushi le dige, y pareció entender mi estado de ánimo
Si allí estaba Chogüi en la Anacahuita (árbol autóctono), cantando y cantando.
No me atrevía a salir
Estaba lejísimos de sus tierras, tal vez tanto calor lo despisto.
Las lágrimas bañaron mi rostro pensando en los indiecitos muertos y en tantos niños del mundo
En su honor pase el día dedicado plenamente a mis nietecitas.
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Abu
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Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí,
cantando está, mirando allá,
llorando y volando se alejó.
Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí,
que lindo va, que lindo es
perdiéndose en cielo guaraní.
Y desde aquel día se recuerda al indiecito
cuando se oye como un eco a lo chogüí,
ese canto alegre y bullanguero
del gracioso naranjero que repica en su cantar.
Salta y picotea las naranjas
que es su fruta preferida, repitiendo sin cesar.
Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí,
cantando está, mirando allá,
llorando y volando se alejó.
Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí,
que lindo va, que lindo es
perdiéndose en cielo guaraní.
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